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Carol Ólmo – Terapia de Liberación Genética

Acudo a Alberto porque tengo 43 años y toda mi vida he tenido estreñimiento, lo curioso de éste estreñimiento es que es entre semana cuando tengo obligaciones laborales o de colegio, cuando llega el fin de semana o me voy de vacaciones, mi cuerpo libera todo lo de la semana.

Alberto empieza la sesión con un reiki, mucho bloqueo en el segundo chackra, cuando finaliza el reiki, me dice que el problema del estreñimiento tiene que ver con el sustento de la familia, mi abuela materna (la cual no conocí)  desde pequeña tuvo que cuidar de sus hermanos, muchas veces no tenía para darles de comer, por eso mi madre y yo que somos del mismo mes tenemos tendencia a retener lo que nos da el sustento y por eso mismo mi cuerpo se contrae y retengo cuando tengo las obligaciones.

Alberto me dice vamos a traer a la abuela, cierro los ojos y enseguida veo a mi abuela, está colocada a mi lado derecho, la pongo delante mío le cojo las manos y empiezo a hablar con ella… Yaya ya no hace falta que sufras más, la vida ha cambiado muchísimo, ya no hay hambruna en la familia, no hace falta retener, la gente no sobrevive, las personas trabajan para viivir, no para subsistir, quiero enseñarte como es mi vida a través de mis ojos, y empezamos a viajar super rápido pasamos por la playa y sentimos la arena caliente en los pies y como las olas nos mojaban los pies, le enseñé dar un paseo en bici sólo por que me gusta, cogimos un avión y nos fuimos a Praga, fuimos a un restaurante de lujo y le dije que ésa era mi vida y que ya no hacía falta que siguiera sufriendo. Escuché su voz en el oído derecho que dijo dos veces…. por fin se ha deshecho todo.

Y abro los ojos, completamente llorosos de la emoción por lo vivido.

Alberto me dice, tengo las cartas del tarot aquí, ¿quieres hacer una tirada? valee, vamos a preguntar por el amor, llevo años sin pareja y las relaciones que he tenido, todas han sido exactamente iguales.

Sale en el pasado la carta del colgado, un hombre colgado, ahorcado y con dos arboles a los lados, los arboles familiares, en la carta del presente sale la rueda de la fortuna, una rueda de madera con el agua en su base, las emociones y en el futuro sale el mago, el mago mira directamente a la rueda de la fortuna, es el hombre que está esperando a que libere y limpie esas emociones para poder aparecer. La siguiente carta es el hermitaño, que mira hacia el colgado y además el farol de luz da directamente al colgado.

Nos despedimos, sabiendo que hay que liberar el arbol y a los hombres de la familia, ya que hay un abuelo, que las mujeres lo estamos haciendo desaparecer porque no continuamos con el apellido.

A los dos días me llama Alberto, para decirme que no se había dado cuenta que el colgado era mi abuelo, éste abuelo murió ahogado en extrañas circunstancias y que había que liberarlo, que entrara en meditación y lo liberara.

Cuando tenía unos 12 años, mis padres se estaban separando, había muchas noches que no encontraba consuelo, así que cerraba los ojos, imaginaba un embarcadero con un lago y me tiraba al agua, me quedaba en el fondo del lago y ahí encontraba paz, y ahí me quedaba hasta que me dormía, lo hice durante muchos años.

Cuando me hice adulta, pensé que ya no hacía falta refugiarme allí y rompí el embarcadero, así que hoy he vuelto al embarcadero y al lago, he ido hasta el fondo del lago a buscar a mi abuelo, cuando lo he encontrado, no quería subir a la superficie, estaba como perdido, le he hecho una cruz en la frente y le he dado luz, de repente he empezado a ver recuerdos suyos de él con sus hijos riéndose, en la casa, con los vecinos, muy alegre y entonces ha querido salir a la superficie. Nos hemos sentado en el embarcadero y me ha dicho ahora si que está liberada la parte del árbol.

He llamado a mi abuela para que lo acompañara y a ella, le he pedido que se ponga en mi lado izquierdo, para que ceda paso a los hombres.

Ha sonreído y me ha dicho por supuesto.

Me siento en paz, siento como si me hubieran quitado cadenas en el corazón.

Gracias por tu maravilloso trabajo y por acompañarme en mi crecimiento.

Eres liberador amigo, te quiero.

Carol Ólmo